El Poder de las Palabras (Parte 2): ¿Cómo hablas hacia la gente?

Cuando hablas con los demás – tus hijos, pareja, compañeros, amigos – a menudo no te das cuenta de que tus palabras pueden curar o herir a una persona.

En muchas ocasiones, te has arrepentido de una palabra dicha en un estado de furia o ira. En ese momento es posible que tu intención sea hacer daño a esa persona (quizá por el propio dolor que tú sientes por una acción, palabra o hecho que te hirió de ella) pero en pocas ocasiones te das cuenta del daño que te causas a ti mismo.
Estás alimentando y potenciando tu dolor. Esa palabra que provoca en ti una emoción, es la señal de que estás vibrando de manera muy negativa y que lo que atraes es más negatividad hacia ti y hacia quienes te rodean. Si lo tomas como una señal de alarma, te harás consciente de tus pensamientos.
Trata de controlar tu Mente Reactiva y da paso a tu Mente Analítica.

Antes de hablar, cuando estés airado y resentido, es preciso calmarse y tratar de revertir el proceso. Al igual que a través de un pensamiento puedes pronunciar palabras destructivas, una palabra de amor, comprensión y perdón puede cambiar de manera radical tu pensamiento, por lo que modificará tu emoción y, por ende, tu vibración.

“Una cometa se puede recoger después de echarla a volar, pero las palabras jamás se podrán volver a recoger una vez salgan por nuestra boca”.

Una palabra fuera de lugar es capaz de arruinar algo por lo que has luchado por mucho tiempo. Una palabra de aliento tiene el poder de regenerarte y darte paz. Tus palabras reflejan tu interior.
Cuando tratas de “corregir” a alguien de un error, habitualmente se hace a través de la crítica y la censura, pero en pocas ocasiones (o quizá en ninguna) puede dar resultado. La crítica es muy peligrosa porque lastima el orgullo de la persona, hiere su sentido de importancia y despierta resentimientos. La crítica pone a la otra persona a la defensiva y, por lo común, trata de justificarse, logrando así el efecto contrario a lo que deseas para esa persona, pues perpetúa y fortalece aquello que no es bueno para ella misma. Para que la vida de una persona cambie totalmente, puede bastar que alguien lo haga sentir importante.

“Tanto como anhelamos la aprobación, tememos la condena”. Hans Selye: psicólogo.

Es más eficaz hacer que los errores parezcan fáciles de corregir. Si le dices a un niño que es estúpido, o tonto en ciertas cosas… que no tiene dotes para hacerlas, que las hace mal… habrás destruido todo incentivo para que trate de mejorar. Debes hacer que las cosas parezcan fáciles de hacer y dar a entender que tienes fe en su capacidad para hacerlas mejor. Debes alentar y dejar de censurar.

“Cuando hables procura que tus palabras sean mejores que el silencio”.Proverbio Hindú.

Peace Pilgrim fue una mujer que caminó por todo el país y hablaba de paz a dondequiera que iba. Peace_Pilgrim-1980-HawaiiLa llamaban la “Peregrina de la Paz”. En su diario hablaba sobre la Tribu Venda, en Sudáfrica.
“En la Tribu Venda – dice esta peregrina -, cuando una persona actúa irresponsable o injustamente, él o ella se coloca en el centro del pueblo sólo y desprotegido. Se deja de trabajar y el pueblo entero se reúne alrededor del acusado. Todos, de todas las edades, comienzan a hablar en voz alta al acusado. Uno a la vez, cada uno le dice todas las cosas buenas que hizo durante su vida.
Cada incidente, cada experiencia que pueda recordarse con detalle y precisión se cuenta. Todas sus cualidades, buenas obras, fortalezas y actos de bondad se recitan con cuidado y detenimiento. A nadie se le permite inventar, exagerar o burlarse de los logros o aspectos positivos del acusado.
La Ceremonia Tribal normalmente duraba varios días. No cesaba hasta que todos hicieran algún comentario positivo.
Al final, el círculo tribal se rompía, una celebración de alegría tenía lugar y le daban una bienvenida simbólica a la tribu”.

Debes hacerte consciente del poderoso efecto que tienen las palabras en tus emociones y tu estado de ánimo y elegirlas con cuidado.
No seas extremista ni exagerad@ pues muchas veces las cosas no tienen tanta importancia como las que les damos, pero lo repetimos tanto que terminamos por creerlo y cuando lo creemos, lo estamos creando.

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