El Poder de las Palabras (parte 1): Cambiando creencias – Modificando emociones

Cuando estás en un proceso de cambio de paradigmas, de pensamientos y de emociones, has de utilizar todas las herramientas que estén a tu alcance para lograrlo de la manera más eficaz y armoniosa.

A través de la palabra te comunicas con los demás y contigo mismo, pero en la mayoría de las ocasiones no piensas lo que dices aunque tus palabras vengan de un pensamiento previo.
Albert Einstein lo dijo así: “NUESTRO LENGUAJE FORMA NUESTRAS VIDAS Y HECHIZA NUESTROS PENSAMIENTOS”.

Debes cuidar tus pensamientos porque ellos se convierten en palabras, cuida tus palabras porque ellas marcan tu destino. Los Griegos decían que la palabra era divina, y los filósofos elogiaban el silencio.

“El hombre es dueño de su silencio y esclavo de sus palabras”

De la palabra depende muchas veces la felicidad o la desgracia, la paz o la guerra. Los antiguos esenios sabían de la existencia del enorme poder que contiene la oración, el verbo y la palabra. Las lenguas antiguas como el sánscrito, el arameo o el hebreo, son fuentes de poder en sí mismas.  La palabra es la manifestación final del pensamiento, la emoción y el sentimiento. Los esenios utilizaban la energía que canaliza la palabra para manifestar en la realidad la vida que deseaban experimentar en este mundo.
En las culturas del Antiguo Oriente eran utilizados los mantras, los rezos, los cánticos y las plegarias con una intención predeterminada como técnicas para materializar estados internos y programar realidades pensadas, deseadas y afirmadas previamente.

poder palabrasLa palabra siempre tiene una intención y una emoción, por tanto tiene una vibración y es esta vibración la que se expande al terreno cuántico de creación para su manifestación en nuestra realidad.
He escuchado en muchas ocasiones decir que “las palabras no duelen, sólo son palabras”, sin embargo una palabra puede elevarte o destruirte.
Una sola palabra puede ser como una gota de agua en la roca, pero recuerda que una gota caída en la roca a lo largo del tiempo crea una grieta irreparable. Una palabra repetida en el tiempo, crea una creencia en tu mente que te puede llevar al éxito o al fracaso.

Cuenta la historia que, en cierta ocasión, un sabio maestro se dirigía a su atento auditorio dando valiosas lecciones sobre el poder de lo que decimos, y el influjo que ello ejerce en nuestra vida y en la de los demás.
“Lo que usted dice no tiene ningún valor”, lo interpeló un señor que se encontraba en el auditorio.
El maestro escuchó con mucha atención y tan pronto terminó la frase, le gritó con fuerza: “¡Cállate estúpido!” y “¡Siéntate idiota!”.
Ante el asombro de la gente, el aludido se llenó de furia, soltó varios improperios y, cuando estaba fuera de sí, el maestro alzó la voz y le dijo: “Perdone caballero, le he ofendido y le pido perdón; acepte mis sinceras excusas y sepa que respeto su opinión, aunque estemos en desacuerdo”.
El señor se calmó y le dijo al maestro: “Le entiendo y también pido disculpas y acepto que la diferencia de opiniones no debe servir para pelear, sino para mirar otras opciones”.
El maestro le sonrió y le dijo: “Perdone usted que haya sido de esta manera, pero así hemos visto todos del modo más claro, el gran poder de las palabras: con unas pocas le exalté, y con otras pocas le calmé”.

La palabra tiene una doble dirección, cuando la pronuncias y cuando la recibes, sin embargo, en ambos casos, afecta e influye en ambas partes.

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